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Autor: Dr. Juan Ramón Avilés
Miembro del Comité Ejecutivo del MpN
Mi amigo Carlos me mostró el paralelismo existente entre la magia del circo y el fraude del Consejo Supremo Electoral. Éste, buscando su confundida cédula de identidad, la encuentra junto con el talón del boleto con que había asistido a una función del circo en Managua.
Surge un paralelismo al encontrar mi amigo el talón del boleto, la prueba de que había asistido recientemente a una función del circo; ahí estaba impresa la hora y fecha de la función, también el número del asiento asignado para presenciar el espectáculo; adicionalmente, poseía mi amigo hasta una foto tomada en tal ocasión. Como dije, para completar el paralelismo, junto al talón del boleto estaba su cédula de identidad con la que fue a votar el 9 de noviembre.
Carlos, explicaba los números del espectáculo circense, su asistencia tal día y hora, el número de butaca que ocupó. En cambio, Carlos no podía demostrar que había votado, la tinta de su dedo había desaparecido. Ignora qué candidato ganó en la elección para alcalde en su Junta Receptora de Votos, pues esto nunca lo publicó el Consejo Supremo Electoral, ni lo será.
A Carlos, le prohibieron en el circo fotografiar o filmar el evento. Evitaban que quedara registrado en vídeo los actos o trucos que presentan como magia, los cuales son excelentes. El 9 de noviembre, día de elecciones, igual fue advertido, que no podía portar su teléfono celular. Evitaban que el votante documentara en la cámara de su teléfono imagen de la boleta con su voto marcado.
Para el caso del circo tiene sentido guardar en secreto los trucos de que se vale el mago para crear la ilusión del espectáculo, pues es secreto profesional; pero no tiene sentido alguno que el Consejo Supremo Electoral impida al votante guardar evidencia de su propio acto de votación. Como podría Carlos, demostrar por ejemplo, que en el caso de los 400 votos para el candidato del FSLN y cero para los demás, el suyo no fue contado, pues el suyo sería parte de los que mostraban cero votos. Entonces sí, tenía sentido que el CSE impidiera cámaras que captaran la evidencia del fraude. Estaban debidamente preparados para el espectáculo, como el mago del circo.
Cuando el mago estaba en el escenario montando una motocicleta, hombre y vehículo fueron introducidos en una jaula, y luego ésta colgando del techo, fue cubierta con un manto negro (en actos de magia el fondo negro oculta de la vista los trucos). Mucho aplauso cuando inmediato a una pequeña explosión, jaula, hombre y vehículo desaparecen, para luego entrar el mago en la moto, raudo al escenario procedente del exterior con el motor del vehículo produciendo ruidos propios de carreras de motos. Luego en otro acto, el mago, por arte de magia muestra en el escenario un helicóptero tamaño natural debidamente ensamblado, ¡ilusión en vivo! Ésa era la razón para no permitir que se filmaran los eventos, todo sucedía en frente del público debidamente oculto a la vista. Al fin y al cabo Carlos fue al circo a eso, a divertirse con actos de magia; disfrutó la ilusión de un acto que parecía real, pero que su sentido le decía que no lo era. Bien sabía mi amigo que lo que veía era irreal, y había pagado para eso, disfrutar del espectáculo de la ilusión, de permitir que el mago con su pericia le mostrara cosas que era imposible que estuviesen, o que sin notarlo fueron puestos ahí.
Al depositar Carlos su voto, lo hizo con desconfianza debido a los antecedentes en los actos preparatorios del CSE, pero aún así votó. Explicaba que al depositar su voto en una caja cerrada, el Consejo Supremo Electoral estaba obligado a contar su voto de acuerdo con su voluntad expresada en el mismo. Dijo que el CSE, igual que el mago, había puesto un manto negro sobre la caja de votos y éstos lamentablemente desaparecieron como por un acto de magia, un acto fraudulento.
Carlos aún se pregunta si sirvió votar. ¿Cómo puede elegir sin haberse contado su voto?
El circo regresa a Managua cada dos o tres años. Carlos y sus hijos irán de nuevo al circo a comprar ilusiones, que para eso paga. Carlos y dos de sus hijos que ya tendrán edad de votar, no participarán en las elecciones del 2011 para definir el futuro de Nicaragua. No tiene sentido.
El circo sí es serio, ¡es creíble!
