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16.01.2009
Falsos problemas y falsas soluciones

Autor: Dr. Julio Icaza Gallard

Miembro del Comité Ejecutivo del MpN

 

A pesar de la profunda crisis de gobernabilidad desatada por el fraude electoral del pasado 9 de noviembre, que no terminamos de superar, los negros heraldos del poder insisten en las reformas constitucionales. El cerebro de la operación parece estar en la Corte Suprema de Justicia, donde se afinan propuestas y contrapropuestas, circulan borradores apócrifos e incluso un diputado, aficionado a las ensoñaciones jurídicas, se atreve a presentar públicamente su proyecto. El discurso permanente de estos agoreros busca convencernos de que la raíz de todos nuestros males está en el perverso sistema republicano presidencialista, a cuya sombra han surgido y crecido caudillos, dictadores y déspotas, y que el remedio más eficaz se encuentra, supuestamente, en las monarquías parlamentarias, cuyo complejo y refinado sistema permitirá a un primer ministro electo por la Asamblea gobernar por consenso y a un Presidente despachar los asuntos de Estado con la majestad de un monarca.

 

Las muchas Constituciones y sus reformas, entreveradas con las cicatrices de tantas guerras, parecieran no ser suficientes para convencernos de que la causa de nuestra agitada vida política no radica tanto en el sistema de gobierno como en nuestra actitud ante el poder y la ley; no tanto en los modelos, casi siempre copiados de Estados Unidos y Francia, como en el poco respeto e interés por las instituciones democráticas; no tanto en la forma de dosificar las competencias y encontrar el equilibrio de poderes como en nuestra debilidad por los caudillos y nuestra intolerancia hacia quienes piensan de manera diferente; en aquello, en suma, que hemos llamado “mentira constitucional”, porque afecta tanto a nuestro máximo cuerpo jurídico como a la estructura de nuestro cuerpo social.

 

Falsos problemas conducen a falsas soluciones. Cuando el interés colectivo se confunde con el interés del caudillo y el obstáculo a su ansia de poder se nos presenta como un problema nacional, no sólo concluimos en falsas soluciones sino que éstas se convierten, finalmente, en problemas reales.

 

El sistema de gobierno semiparlamentario, que estos fabuladores nos proponen, no sólo es un ardid para desviar la atención de lo que verdaderamente se quiere reformar (la eliminación de la prohibición de reelección) sino que resulta, al cabo, un sistema más presidencialista que el que nos rige actualmente. De acuerdo con la propuesta, presentada públicamente en la sede de la Corte Suprema de Justicia, tendremos un Presidente que no sólo conserva la mayor parte de las potestades que le otorga la actual Constitución, sino que además, en virtud de la forma de operar propia del parlamentarismo, tendrá el poder de disolver la Asamblea y convocar a nuevas elecciones, en caso de que sus propuestas para nombramiento de primer ministro sean rechazadas dos veces. Mientras caemos deslumbrados por el “charm” del novedoso personaje de primer ministro, los reformadores hacen desaparecer del artículo 147 constitucional el literal que prohíbe la reelección presidencial en períodos sucesivos y por más de dos períodos alternos. Por último, un tercer conjunto de innovaciones busca garantizar el control absoluto, de parte de un Poder Judicial integrado por magistrados y jueces obedientes al Partido de Gobierno, sobre los otros poderes del Estado, a través del establecimiento de los recursos de omisión por inconstitucionalidad y de control previo de la inconstitucionalidad en contra de toda ley y del reconocimiento del interés difuso y colectivo en el caso del recurso de amparo.

 

Las propuestas, auténticas o apócrifas, que hasta hoy conocemos, ¿debemos calificarlas de sofísticas, para no demeritar la inteligencia de quienes las confeccionaron?, ¿de ingenuas, para no rebajarlas a la categoría de insulto a nuestra inteligencia? Las incoherencias no sólo derivan de un examen del texto de los proyectos, sino también del abismo que separa el supuesto deseo de adopción del parlamentarismo y lo que ha sido en la práctica la relación entre Ejecutivo y Legislativo. Desde el inicio, este Gobierno no sólo ha pretendido cercenar las competencias de la Asamblea Nacional, tratando de imponer el control previo constitucional de las leyes, arrogándose funciones legislativas en materia presupuestaria y de autorización del estacionamiento de fuerzas militares extranjeras, sino que ha evadido permanentemente la ratificación por parte del Legislativo del nombramiento de los miembros de su Gabinete y ha demostrado poco respeto por las leyes, expresión máxima de la voluntad de todo Parlamento. No podemos sino concluir, entonces, que estamos ante una manifestación más de aquello que Popper llamaba la “concepción ultramoderna y cínica de la historia”, predominante en el círculo de hierro que hoy detenta el poder, y que en la práctica está representada por la actitud de quien miente descaradamente, sin ocultar ni sentir vergüenza alguna.

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comentarios

28.05.2009
Alvaro

Es obvio para muchos Nicaraguenses que la corrupta clase politica y el secuestro de los poderes del estado por parte del Dictador de turno (Ortega), conduciran al pais al atraso y a una falsa cortina de hierro, pues mentes caducas como las del presidente actual solamente pueden crear un modelo de gobierto dictatorial como el mencionado mezclado con una profunda corrupcion en todas las areas que le permitan consolidarse como el monarca del pais de forma vitalicia, como su mentor fidel castro.

13.03.2009
Carlos Rodríguez M.

Comparto totalmente la opinión del Dr. Julio Icaza, pretenden engañarnos al presentarnos el cambio de un sistema presidencialista a uno semi-parlamentario, como la solución de todos los problemas en Nicaragua, cuando lo que pretenden es permitir la reeleción presidencial de Daniel Ortega y darle más poder, para la entronización de una dictadura.